JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES.
“LA PALABRA, LUZ PARA LOS PUEBLOS”.
Este es el lema que se utilizará este año para celebrar el próximo 18 de octubre la Jornada Mundial de las Misiones, mejor conocida como Domingo Mundial de las Misiones (DOMUND), fundada por Paulina Jaricot en Francia en 1822.
La Obra de la Propagación de la Fe busca promover y sostener las vocaciones, las misiones y cooperar espiritual y materialmente con la tarea misionera de la Iglesia.
Así, el 2 de mayo de 1822, nació esta Obra, la cual iría creciendo mientras Paulina se escondía como una más entre los asociados. Siguió trabajando hasta su muerte en 1862, para difundir esta gran asociación que tanto beneficiaba a las misiones.
No tardaría la Obra en extenderse por otros países gracias a la colaboración del Papa León XIII. Así, en el año 1922 la Santa Sede la declara órgano oficial de la Iglesia para las Misiones, con sede central a Roma y subsedes nacionales en cada país.
El Papa Pío XI fue el gran impulsor del Domund, cuando, en 1926 solicitó la institución de una jornada en todo el mundo católico en favor de dicha obra. Nació así la “Jornada Mundial de las Misiones”, que más tarde recibió el nombre oficial de “Domingo Mundial de las Misiones”.
Por eso, te invitamos a que en la medida de tus posibilidades, participes en este DOMUND 2009, y si no es en especie o en dinero la mejor forma de apoyar es CON ORACIÓN, que eso nunca les sobra a nuestros hermanos misioneros y de esa manera tú también puedes ser MISIONERO en la ORACIÓN. (Fuente informativa: Blog de jóvenes)
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VIAJAR A LA HISTORIA CON LA BIBLIA.
Por el año 605 antes de Cristo, el pueblo de Israel sufrió una dispersión o, como se le conoce bíblicamente, una “diáspora”. El rey Nabucodonosor conquistó Jerusalén y llevó a los israelitas cautivos a Babilonia, comenzando la “Cautividad de Babilonia” (cf. 2 Reyes 24,12 y 2 Reyes 25,1).
Pero no todos los israelitas fueron llevados cautivos, un “resto” quedó en Israel (cf. 2 Reyes 25,12; 2 Reyes 25,22; Jeremías 40,11; Ezequiel 33,27). También un número de Israelitas no fueron cautivos a Babilonia sino que fueron a Egipto (cf. 2 Reyes 25,26; Jeremías 42,14; Jeremías 43,7).
El rey Ciro de Persia conquistó Babilonia (cf. 2 Crónicas 36,20; 2 Crónicas 36,23) y dio la libertad a los israelitas de regresar a Israel, terminando así su esclavitud. Algunos regresaron a Palestina (cf. Esdras 1,5; 7,28 y Nehemías 2,11) pero otros se fueron a Egipto, estableciéndose, en su mayoría, en la ciudad de Alejandría.
La Traducción de los Setenta (Septuagésima)
En el siglo III antes de Cristo, la lengua principal de Alejandría, como en la mayor parte del mundo civilizado, era el griego. El hebreo cada vez se hablaba menos, aun entre los judíos (Jesús y sus contemporáneos en Palestina hablaban arameo). Por eso, había una gran necesidad de una traducción griega de las Sagradas Escrituras.
La historia relata que Demetrio de Faleron, el bibliotecario de Plotomeo II (285-246 a.C.), quería unas copias de la Ley Judía para la Biblioteca de Alejandría. La traducción se realizó a inicios del siglo tercero a.C. y se llamó la Traducción de los Setenta (por el número de traductores que trabajaron en la obra). Comenzando con la Torá, tradujeron todas las Sagradas Escrituras, es decir todo lo que es hoy conocido por los católicos como el Antiguo Testamento. Introdujeron también una nueva organización e incluyeron Libros Sagrados que, por ser más recientes, no estaban en los antiguos cánones pero eran generalmente reconocidos como sagrados por los judíos. Se trata de siete libros, llamados hoy deuterocanónicos.
El canon de los Setenta (Septuagésima) contiene los textos originales de algunos de los deuterocanónicos (Sabiduría y 2 Macabeos) y la base canónica de otros, ya sea en parte (Ester, Daniel y Sirac) o completamente (Tobit, Judit, Baruc y 1 Macabeos).
El canon de la Septuagésima (Alejandrino) es el que usaba Jesucristo y los Apóstoles.
El canon de Alejandrino, con los siete libros deuterocanónicos, era el más usado por los judíos en la era Apostólica. Este canon es el utilizado por Cristo y los escritores del Nuevo Testamento. 300 de las 350 referencias al Antiguo Testamento que se hacen en el Nuevo Testamento son tomadas de la versión alejandrina
LIBROS DEUTEROCANÓNICOS.
• Tobías.
• Judith.
• Ester (protocanónico con partes deuterocanónicas).
• Daniel (protocanónico con partes deuterocanónicas).
• I Macabeos.
• II Macabeos.
• Sabiduría.
• Eclesiástico (también llamado “Siracides”)
• Baruc.
(Aportación del Blog de Jóvenes)
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Octubre, mes del Rosario.
Hemos comenzado el mes de octubre, mes que en la piedad popular está dedicado al Santo Rosario, devoción que ha alimentado la fe de muchas generaciones de cristianos y que ha sido reiteradamente recomendada por los Papas.
Juan XXIII la consideraba como: “una muy excelente forma de oración meditada”; Juan Pablo II nos confesó que era su devoción predilecta; Benedicto XVI, por su parte, nos ha dicho que: “si la Eucaristía es para el cristiano el centro de la jornada, el Rosario contribuye de manera privilegiada a dilatar la comunión con Cristo, y enseña a vivir manteniendo fija en Él la mirada del corazón para irradiar sobre todos y sobre todo su amor misericordioso”.
La Santísima Virgen María está siempre pendiente de ayudarnos en nuestras necesidades. En situaciones de peligro ha mostrado su poderosa intercesión, el origen del mes del Rosario fue una más de esas poderosas e importantes intervenciones.
Sucedió en el año 1571 cuando la cristiandad estaba en grave peligro ante el inminente ataque de los turcos que estaban resueltos a invadir y someter a Europa y luego, llegar también a los nuevos pueblos colonizados. Desgraciadamente en esos momentos, debido al quebrantamiento de la unidad por las religiones protestantes, no había una fuerza suficiente para detener la invasión islámica.
Se formó la Santa Liga, conformada por España, Venecia, Génova y la Santa Sede. No obstante estaban en franca minoría frente a los turcos; la batalla sería naval muy cerca de las costas de Grecia, en el Golfo de Lepanto. Antes de partir a la batalla, sabiendo que estaba mucho en juego, el Papa San Pío V pidió a todos los católicos que se unieran rezando el rosario. Al salir las naves cristianas, sobre el mástil de la nave capitana, se colocó una imagen de la Virgen de Guadalupe que había sido tocada con el original del Tepeyac en México. Antes de la batalla, don Juan de Austria, quien comandaba la flota, se arrodilló y oró a Dios pidiéndole la victoria, lo mismo hicieron todos los de la galera Real y del resto de la Armada.
Y así, el 7 de octubre se entabló la batalla en que la flota cristiana derrotó a la turca. Aunque hubo muchas bajas cristianas, unas 7,600, se estima que murieron cerca de 30,000 turcos. El Papa declaró el 7 de octubre como fiesta de Nuestra Señora del Rosario y decidió que en las letanías se añadiese un nuevo título mariano: “Auxilio de los cristianos”.
En un mundo tan disperso y complicado como el nuestro, movidos por las prisas, muchos cristianos difícilmente encuentran espacios para la oración personal serena y dilatada. Todos, sin embargo, niños y jóvenes, adultos y mayores, y muy especialmente los enfermos, tenemos cada día mil oportunidades de practicar esta devoción, en casa, en la calle, camino del trabajo, en el coche o en el autobús.
Que bueno sería recuperar esta devoción también en las familias. Cuánta paz brotaría en las relaciones familiares, cuántas crisis se evitarían, cuántas quiebras de la unidad, cuánto dolor y cuánto sufrimiento. La vida familiar es muy distinta cuando en el hogar se concluye la jornada rezando el Rosario, pues como nos dice el Papa: “cuando se reza el Rosario de modo auténtico, no mecánico o superficial sino profundo, trae paz y reconciliación. Encierra en sí la fuerza sanadora del Nombre Santísimo de Jesús, invocado con fe y con amor en el centro de cada Avemaría”.
El rezo del Rosario es uno de los signos más elocuentes de nuestro amor a la Santísima Virgen. Por ello, todos tendríamos que recuperarlo. Además hace mucho bien a quien lo reza devotamente: es una hermosa manera de mantener viva la fe de nuestro pueblo y de recordar a todos que, además de los valores puramente terrenales, hay otros valores que dan firmeza y sentido a nuestra vida. (Fuente: Rosalía/ Infojerusalén)
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